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EL DRAGÓN MIEDOSO

En un lugar de la fantasía había un pueblo rodeado por un inmenso lago que era fuente de vida para los habitantes del pueblo, y en el que vivía un gran dragón, pero no era un dragón cualquiera. Este dragón era muy miedoso, en cuanto veía aparecer a algún humano corría desesperado a zambullirse en las aguas oscuras del lago. Cada día le pasaba lo mismo; los humanos solían pescar cerca de los manglares donde el dragón descansaba después de comer, y cada vez que veía algún hombre volvía a acelerársele el pulso y huía del lugar para que no le atacaran.
Un día, el dragón, como de costumbre, se acerco al manglar a descansar, con tan mala suerte que se quedo dormido y no pudo ver a un par de pescadores que se aproximaban al lugar. Cuando estos se acercaron lo suficiente descubrieron que entre las sombras había una gran criatura, gritaron atemorizados, lo que hizo que el dragón se despertara de repente y los viera; grito de miedo y temblando corrió hacia el agua. Los pescadores al ver que el dragón les tenía tanto miedo se rieron de él con grandes carcajadas.
Un cocodrilo, el más viejo de todo el lago, había visto todo lo sucedido. Se zambulló en el agua y busco al dragón. Cuando le descubrió estaba escondido en una cueva, temblando y llorando de miedo.
-dragón – le dijo el viejo cocodrilo- ¿Por qué lloras así?
- Los humanos se ríen de mí por que les tengo mucho miedo.
- Y, ¿Por qué les tienes tanto miedo?
- Por que son peligrosos.
El cocodrilo comenzó a reírse, y cuando se hubo calmado le dijo:
-Pero, si ellos son mucho mas pequeños que tú. Con solo un gruñido tuyo huirían asustados y no volverían a molestarte jamás. Ellos te tienen más miedo a ti que tú a ellos.
Entonces el dragón paró de llorar y mirando al viejo cocodrilo sonrió. Era cierto, los humanos le habían despertado gritando, estaban asustados, y ni siquiera había gruñido. Entonces el dragón se armó de valor y salió a la orilla del lago a enfrentarse a los humanos. Entonces vio a una mujer lavando, que al ver su gran sombra levanto la cabeza, pero el dragón se asustó y corrió de nuevo gritando hacia el agua. La mujer le vio y también se rió de él. El dragón, que lo oyó, no paro de llorar en toda la noche.
A la mañana siguiente, el dragón se puso a pensar: “Si no me enfrento a los humanos siempre se reirán de mi, no me respetaran, y no me dejaran subir a tomar el aire durante mi siesta. Pero es que son muy feroces y peligrosos, aunque el cocodrilo tiene razón, yo soy más grande. Si no me enfrento a mis miedos nunca los superaré.” Y armándose de valor el gran dragón se dirigió a la orilla, donde le esperaban algunos niños y mayores para reírse de él. Entonces el dragón lleno sus pulmones de aire y lanzo un feroz rugido. Todos los que allí se encontraban huyeron despavoridos a refugiarse en sus casas.
Y desde entonces el dragón duerme su siesta tranquilo porque ya nadie le molesta ni se ríe de él.

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